Si usted o alguien que conoce necesita apoyo, llame al 988 (Línea de Crisis, disponible en español) o al 1-800-422-4453 (Childhelp National Child Abuse Hotline). Hay ayuda gratuita disponible.
Episodio 11 de Austin LatinX. El psicólogo José Luis Portillo y la Grief Recovery Specialist Mayra Janeth regresaron para abordar uno de los temas más dolorosos y menos denunciados en comunidad latina: el abuso sexual a menores de edad, sus señales de alerta, por qué las víctimas guardan silencio durante años y cómo se puede sanar cuando el daño ya ocurrió.
Cómo identificar que algo está pasando
Portillo fue directo desde el principio: la señal más clara no es una declaración del niño sino un cambio radical de comportamiento. Un niño alegre, dicharachero, buen estudiante, que de un día para otro se retrae, llora solo, evita a ciertas personas, baja sus calificaciones o se cierra cuando le preguntan cómo está, está comunicando algo con sus acciones aunque no pueda hacerlo con palabras.
Ese cambio de comportamiento es la primera alerta. Si el padre o la madre pregunta y el niño dice que nada pasa pero la conducta continúa, el siguiente paso es buscar apoyo profesional. En Estados Unidos, las autoridades tienen especialistas capacitados para extraer información de menores según su edad, de formas que no los retraumatizan.
“El niño tenía un comportamiento de normalidad. De repente se empieza a retraer, llora por los rincones, ya no hace sus actividades normales. Ahí hay un parteaguas. Esa es la primera referencia para abrir una alerta.”
Por qué los niños no hablan: el miedo como herramienta del abusador
Mayra lo explicó desde su experiencia con pacientes adultos que procesaron de grandes lo que vivieron de niños: la mayoría no habló en su momento porque el abusador les impuso miedo. Las amenazas más comunes van desde hacerles daño a sus seres queridos hasta advertirles que si hablan se va a romper la familia, que van a perder al abuelo, que nadie les va a creer.
Los niños pequeños además no siempre saben que lo que están viviendo está mal. No tienen la madurez emocional para identificarlo. Un tío que les da regalos, un vecino de confianza, un entrenador que los trata bien, no levanta alarmas en un niño que no fue educado sobre los límites del cuerpo.
Portillo añadió una estadística que golpea: en México se estima que alrededor del 99% de los delitos contra menores nunca se denuncia. El abuso existe en proporciones enormes que la sociedad prefiere no ver.
El daño que se carga en silencio durante décadas
Uno de los puntos más reveladores del episodio fue la explicación de Portillo sobre lo que carga un adulto que fue abusado de niño. Lo primero que aparece no es el dolor sino la culpa, porque el abusador revierte la responsabilidad hacia la víctima: le dice que fue su culpa, que por eso pasó, que si habla va a destruir a la familia.
Esa culpa es la que lleva a muchas personas a callar durante 10, 20 o 30 años. Y cuando finalmente hablan, la culpa de haber callado se suma a la culpa original.
Portillo mencionó también algo que la audiencia necesita entender: un alto porcentaje de personas que fueron abusadas en la infancia pueden convertirse en abusadores si no reciben atención. No todos, pero el patrón de repetición es real y documentado. La razón: el abuso está conectado al ejercicio del poder, y quien fue despojado de poder de niño puede buscar recuperarlo de la misma manera.
El panel analizó el caso del entrenador de gimnasia Larry Nassar, condenado en Estados Unidos por abusar de más de 250 mujeres durante décadas, muchas de ellas atletas olímpicas. El hecho de que hayan obtenido logros deportivos durante ese período no elimina el abuso. El intercambio material, el beneficio o el regalo nunca justifican ni anulan el daño.
Cómo empezar a sanar
Mayra describió el proceso desde su práctica: lo primero y más difícil es que la persona quiera ser ayudada. Cerca del 50% de quienes vivieron abuso no buscan ayuda por pena, por miedo a ser vistos como vulnerables o porque han normalizado lo que les pasó. Cuando finalmente se atreven, el proceso no es rápido porque el daño tampoco fue rápido.
Su enfoque es acompañar a la persona a nombrar lo que siente, darle herramientas para trabajar esas emociones y confiar en el proceso aunque al principio parezca que no avanza. La diferencia, dijo, se empieza a notar desde afuera antes que desde adentro: la gente cercana nota el cambio antes de que la propia persona lo sienta.
La prevención como sociedad: la utopía necesaria
Portillo cerró con una reflexión que él mismo llamó una utopía pero que el panel recibió con respeto: la mejor respuesta al abuso infantil no es únicamente meter a la cárcel al abusador después del hecho, sino construir sistemas de prevención que identifiquen perfiles de riesgo antes de que el delito ocurra. Porque cuando hay una condena, el abuso ya sucedió, ya hay un niño dañado.
Iturralde fue honesto: esa sociedad preventiva está a años luz de la realidad en México y en muchos países de América Latina, donde los feminicidios y los homicidios no logran controlarse. Pero el deber ser existe y vale la pena nombrarlo.
“Cuando procesamos a un violador, ya fracasamos como sociedad porque el delito ya se ejecutó. El punto es la prevención. Tener las condiciones para que el abuso no ocurra, no solo para castigarlo después.”
Recursos de apoyo disponibles: Childhelp National Child Abuse Hotline: 1-800-422-4453 (24/7, disponible en español). Línea de Crisis: 988. Todos los servicios son gratuitos y confidenciales.
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