Si usted o alguien que conoce necesita apoyo, llame al 988 (Línea de Crisis, disponible en español) o al 1-800-422-4453 (Childhelp National Child Abuse Hotline). Hay ayuda gratuita disponible.
Episodio 10 de Austin LatinX retoma el hilo dejado en el episodio anterior sobre el suicidio juvenil. Uno de los factores de riesgo más graves y menos discutidos en comunidad latina: el abuso sexual de menores. Jorge Iturralde reunió nuevamente al psicólogo José Luis Portillo y a la Grief Recovery Specialist Mayra Janeth para abordar un tema que muchas familias prefieren ignorar hasta que es demasiado tarde.
El abuso no es principalmente sobre el deseo, es sobre el poder
El primer punto que estableció Portillo sorprendió al panel: el factor sexual en el abuso infantil ocupa un segundo lugar. Lo que predomina en el perfil del abusador es la necesidad de ejercer poder y control sobre una víctima vulnerable. Eso explica por qué la castración, aunque reduce el impulso sexual, no elimina el riesgo de reincidencia, porque el abusador busca dominio, y puede ejercerlo con lo que tenga a la mano.
El abusador casi siempre presenta autoestima baja, dificultades para integrarse socialmente y una vida emocional no resuelta. Esa combinación lo lleva a buscar víctimas donde pueda imponerse sin resistencia real, y los niños, por su naturaleza, son los más vulnerables.
“El factor sexual pasa a segundo término. Lo más importante para el abusador es ejercer poder sobre la víctima. Tan es así que incluso sin el órgano sexual, el abuso puede continuar con otras herramientas.”
Por qué el abuso ocurre mayormente dentro de la familia
Iturralde planteó la pregunta que muchos padres se hacen: ¿cómo puede alguien abusar del hijo de su hermana, de su sobrino, de un familiar que conoce desde que nació? Portillo explicó que precisamente la cercanía es el factor que lo facilita: el acceso, la confianza del niño, el entorno familiar que baja la guardia de todos. Y las amenazas que mantienen al menor en silencio, a veces durante años, son tan contundentes como el abuso mismo.
Mayra añadió que en muchos casos que ha acompañado, el abusador no es un extraño sino alguien en quien la familia confiaba plenamente: un tío, un primo mayor, incluso en los casos más graves, un padrastro o el propio padre. Y señaló algo que Portillo confirmó: las madres solteras con menor red de apoyo familiar son especialmente vulnerables, no porque sean malas madres, sino porque tienen menos opciones y más necesidad de confiar en otros.
Prevención: vigilancia sin paranoia
El panel evitó caer en el extremo de decir que no se puede confiar en nadie. Portillo propuso el concepto de círculos de seguridad: no se trata de prohibir que el sobrino vaya con el tío o que la niña vaya a casa de su amiga, sino de construir esa confianza gradualmente, con presencia activa de los padres, visibilidad constante y conversaciones abiertas con los hijos desde edad temprana.
Una de las frases más poderosas del episodio vino de un ejemplo real de Portillo: una paciente que le enseña a su hijo desde pequeño que nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a tocar su cuerpo excepto ella para el baño, y que si alguien intenta hacerlo, la primera persona a quien debe decírselo es a mamá.
“Enseñar a los hijos a protegerse, a cuidarse y a respetarse desde pequeños reduce el riesgo al mínimo. La prevención y la vigilancia siempre serán la base más importante.”
Mayra compartió su propia experiencia como madre soltera: revisaba el cuerpo de su hijo al recogerlo, observaba cambios de actitud, hacía preguntas abiertas, verificaba los espacios físicos antes de dejar a su hijo en cualquier lugar. No como paranoia, sino como responsabilidad activa.
El contexto legal y el riesgo en Estados Unidos
Iturralde abrió un ángulo que pocas veces se discute en comunidad: en Estados Unidos, dejar a un menor al cuidado de otra persona sin los protocolos adecuados puede exponer al adulto cuidador a consecuencias legales graves, incluso si no hizo nada malo. Un niño con un rasguño, una caída o cualquier situación inexplicable puede derivar en una acusación. Esto obliga a los padres a ser explícitos sobre quién cuida a sus hijos, en qué condiciones y con qué nivel de supervisión.
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Un problema de todos los entornos
El episodio cerró con una reflexión importante: el abuso sexual infantil no ocurre solo en familias disfuncionales ni en ambientes de pobreza. Ocurre en equipos deportivos, en escuelas, en grupos religiosos, en círculos de élite como el caso Epstein. En todos los entornos donde hay vulnerabilidad y donde alguien con autoestima baja puede ejercer poder sin consecuencias inmediatas.
La autoestima de los niños, tanto para reconocer cuando algo está mal como para atreverse a hablar, es la primera línea de defensa real.
Recursos de apoyo disponibles: Línea nacional de abuso infantil: 1-800-422-4453(Childhelp, disponible 24/7 en español). Línea de crisis general: 988. Todos los servicios son gratuitos y confidenciales.
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